mingot
Josep Marc Mingot (1989) es experto en aplicar creatividad a las máquinas. Le encanta juntar diferentes tecnologías para solucionar los problemas de la manera más elegante posible. Es cofundador de Arcvi, una consultora sobre Big Data y participa en la iniciativa Barcelona Analytics, que persigue convertir a la ciudad en el hub europeo de big data. Estudió Matemáticas y Telecomunicaciones en la UPC y en su adolescencia formó parte de la Selección Catalana de Volley.

Josep Marc es sin duda alguna una persona de números. Incluso para hacer algo tan de letras como titular su charla ha creado un programa. Ha recopilado todos los títulos de ponencias TEDx anteriores para ver cuáles son las palabras más utilizadas y tenerlas en cuenta para bautizar su ponencia.

De pequeño tuvo vetado el acceso al ordenador, seguramente de ahí le viene su pasión por las máquinas. Sus padres, con la mejor de las intenciones, temían que fuese una distracción a sus estudios y perjudicara su educación.

Josep Marc sabe que nunca llegará a entenderse en el plano tecnológico con su padre. Donde sí que se entienden, y muy bien, es en el empresarial: su padre, empresario agricultor, tiene una empresa de frutas. La faceta emprendedora de Josep Marc no es de extrañar, pues ya de pequeño tuvo que sudar para pagarse los placeres. Después de tres veranos trabajando en la empresa de su padre se pudo comprar, al fin, su primer ordenador.

A partir de ahí pudo potenciar lo que quería ser desde muy crío: inventor. Le fascinaba la serie “Érase una vez los inventores” y se quedaba embobado mirando a Edison y a Marconi. Se pasó la infancia inventando objetos que no existían hasta que su profesor Xep de la ESO le hizo ver que disfrutaba como un crío con las matemáticas.

Se le daba muy bien conceptualizar y moverse por lo abstracto, aunque no tuviese una aplicación práctica bien definida. Por esa razón quería combinar esa disciplina que le gustaba tanto con otra más palpable. Fue así como descubrió el Centro de Formación Interdisciplinar Superior (CSIF), que le becó para estudiar la doble carrera de Matemáticas y Telecomunicaciones y le permitió desenterrar su sueño de ser inventor.

En primero de la ESO descubrió también los concursos. Espoleado por ese profesor, se apuntaba a todos los retos que podía; una línea que siguió hasta bien entrada en la universidad.

En una ocasión participó en un desafío de Henkel en el que les pedían que desarrollaran la idea de un producto con tecnología de 2020. Competían contra alumnos de marketing y nadie apostaba por dos alumnos de matemáticas. ¡Menuda sorpresa se llevaron, ni ellos mismos lo esperaban! Quedaron segundos gracias a un champú dotado de unos chips que permitían elegir el peinado.

La idea surgió junto a Ferran A. Mazaira, al que conoció en matemáticas y ha sido su socio en la gran mayoría de iniciativas que ha llevado adelante. Si bien se lo pasaban muy bien resolviendo problemas matemáticos cada vez más abstractos, tampoco se querían privar de aventuras terrenales: en cuarto fundaron una academia de repaso en Enrique Granados con Bruc y empezaron diversas iniciativas.

Al fin y al cabo, las matemáticas les encantaban, pero no eran compatibles con el mundo empresarial. De esta forma, en tercero encontró la manera de conciliar todo lo que estaba estudiando gracias a unas prácticas en NeoMetrics: la minería de datos.

A partir de ahí enfocó lo que le quedaba de los estudios hacia este campo. Siguió buscándose las castañas fuera de la universidad; estuvo, por ejemplo, dando clases en ESADE como profesor asociado de matemáticas. Lo tuvo que dejar al final del cuatrimestre porque recibió una beca del Banco Santander para ir a hacer su Trabajo Final de Grado al MIT, cumbre de la innovación en Estados Unidos.

El año y un mes que pasó en Boston fueron inolvidables. Allí desarrolló una app que enseñaba a ver a los smartphones, es decir, identificar objetos y reconocerlos. El ponente de la edición anterior de [email protected], Adrià Recasens, fue quien se encargó de tomarle el relevo en el proyecto cuando su estancia llegó a su fin.

No fue fácil la decisión de volver a Barcelona. Dejaba atrás un país en el que había trabajado muy a gusto y en el que sentía que podía entregarse en cuerpo y alma al proyecto que le interesara, pues es la mentalidad estadounidense. En el MIT, lo habitual era pasar el verano haciendo prácticas en algún sitio. Si bien sabe que no es un lugar donde le gustaría envejecer, ahora mismo siente que es el lugar en el que debía estar en ese momento.

Sin embargo, una fuerza mayor le llamaba. Algo más importante que cualquier estancia en otro país: su proyecto con Ferran.

Tanto Josep Marc como Ferran son conscientes que, de momento, lo más sensato es desarrollar ARCVI aquí. Recientemente se han mudado a una de las instalaciones de Barcelona Activa y cada vez consiguen más clientes. Aún así, saben que sus ganas de volver a Estados Unidos no son incompatibles con su proyecto; de hecho, espera conocer otros muchos países gracias a su iniciativa.