mamadou
Mamadou Saliou (1992) nació en Conakri, Guinea, aunque de muy pequeño su padre se trasladó a su barrio, Zinguichor, en Casamance, Senegal. A los 16 años desembarcó en Barcelona con el sueño de ser jugador de fútbol, pero la crisis le obligó a buscar otros caminos. Después de su estancia en Centros de Menores y de conseguir trabajo en una tienda de bicicletas se lanzó a hacer Diandé Africa, una ONG que busca dar a conocer la realidad en Europa en Senegal.

En un par de meses, Mamadou irá a pasar una temporada a Senegal. Vive a caballo entre Barcelona y su barrio, pues necesita controlar personalmente sus proyectos. En esta ocasión va con su pareja y una chica que se ha incorporado a Diandé recientemente. Lo más difícil, conseguir financiación: no para él, sino para pagar a la gente que trabaja con él. No tiene prisa por cobrar, su prioridad es que el proyecto salga adelante.

Ya de niño se encontraba en el epicentro del bullicio. Su casa en servía de punto de encuentro para sus amigos. Se sentaban en unos escalones, a la sombra de un árbol, y comentaban los precios desorbitados que se pagaban por los fichajes de algunos jugadores de fútbol. Mamadou calculaba en silencio lo que podría hacer con todo ese dinero para mejorar la situación de su barrio.

Pese a que llegó a Barcelona con dieciséis años, nunca dejó Senegal completamente. Pensaba en su barrio, en cómo podía ayudarles. Se dio cuenta de que tenía que desmitificar la imagen que sus compatriotas tenían de Europa. Así fue como puso la primera piedra hacia Diandé Africa y se puso manos a la obra con los documentales “Si yo sabría, no vendría” y “Mañana, lo mismo”.

Los llevó a cabo como siempre había hecho: compartiéndolo con sus amigos. Los lazos con la gente de Barcelona se reforzaban mientras ayudaba a su barrio. La chica con la que plasmó el guión fue la que más tarde le encontraría el trabajo en la tienda de bicicletas.

Esta predisposición a hacer cosas le hizo tejer una relación especial con los centros. Poco tardó en implicarse como voluntario y se convirtió rápidamente en un excelente organizador. Al fin y al cabo, lo había vivido desde el punto de vista de usuario y no le costó nada saltar al otro lado.

A los centros no les pasó desapercibida su implicación. Le recompensaron el duro trabajo con campos de trabajo internacionales: ahí conoció a gente muy diferente, pero con inquietudes similares a las suyas.

La experiencia que adquirió le fue muy útil para crecer como gestor. Con un cuarto de los presupuestos de las actividades en las que colaboraba, él podía hacer maravillas en su barrio. Ya no era como cuando estaba en los centros, había crecido, tenía recursos y no dudó en ponerlos en práctica.

Uno de sus principales apoyos fue Nacho Sequeira, director de Fundació Exit. Mamadou quedó con él para explicarse su proyecto. Le interesó y los encuentros se fueron haciendo periódicos hasta que se instituyeron reuniones semanales. Poco a poco, Diandé Africa iba tomando forma.

Sin embargo, no fue hasta que conoció a Anna Enrich que no acabó de despegar. La conoció a través de Nacho y se encargó de hacer caminar el proyecto: con ella optaron por una estrategia de calidad sobre una de cantidad. Mamadou se dio cuenta de que más valía tener a diez niños bien atendidos que no quinientos descuidados. Poco a poco y bien.

A partir de aquí materializó todo aquello en lo que llevaba meses trabajando. Gracias a los contactos que había hecho durante sus estancias en los centros conocía perfectamente la faceta de Barcelona más oscura. Llegó a un acuerdo con la tienda de alquiler de bicicletas en la que trabajaba para que le cediesen unas cuantas y pudiese así organizar el tour “Una Barcelona Diferente Sobre Ruedas”.

Trabajar de lo que a uno lo apasiona con la gente con la que se está a gusto. Mamadou siempre está en el epicentro de las cosas que pasan, ya sea para organizar un partido de fútbol o para montar una ONG y ayudar así a su barrio. Siempre su barrio.