loreto
Loreto Nácar (1988) es una salamantina que está estudiando un doctorado en Adquisición de Lenguaje en Bebés en el Babylab de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Cursó Psicología en su ciudad, aunque después de un Erasmus en Berlín se trasladó a Barcelona a terminar la carrera en la UPF y estudiar un máster en la UAB. A los 16 participó en la Ruta Quetzal y a partir de ahí se ha interesado en proyectos de equidad: a los 20 fue voluntaria en el Campus Shady Oaks para personas con parálisis cerebral y actualmente forma parte de Amnistía Internacional de Catalunya.

Loreto saborea el presente con parsimonia. Su realidad transcurre a una velocidad más lenta, mastica cada momento y sus problemas parecen… más pequeños, más relativos. Después de trabajar tanto tiempo con bebés ha aprendido a ver el mundo como ellos. El entusiasmo con el que habla del tiempo que pasó en Canadá recuerda al relato de un niño que ha vuelto de unas colonias.

Siempre le ha gustado viajar. Unas primas con las que se lleva 15 años viajaban mucho y le traían recuerdos de países exóticos. Vivieron una temporada en Londres y le hicieron abrir los ojos. Ahora intenta hacer lo mismo con sus primos. Uno es culé y le trae camisetas del Barça: este año le ha comprado un puzzle en 3D del Camp Nou.

Una de sus características principales es su empatía: tiene la capacidad de ponerse en los zapatitos de un bebé. Gracias a esta capacidad se mezcla con el ambiente con una habilidad pasmosa. Vaya donde vaya se introduce en el ADN, solo hace falta escucharla hablar catalán para darse cuenta.

Esta habilidad para conectar con las personas le hizo tener muy claro que estudiaría psicología. Le interesaban especialmente los niños, pues sentía que podría llevarse bien con ellos, mejor que con los adultos.

El primer año de universidad no fue como se lo imaginó: cada profesor soltaba en clase su perorata, faltaba debate y no se fomentaba el espíritu crítico. Segundo fue más interesante, aunque no fue hasta finales de curso que no descubrió lo que le gustaba.

En una jornada sobre qué hacer después de la universidad descubrió la investigación, que se abrió como una posibilidad muy interesante de continuar aprendiendo que no se había planteado. A partir de ahí se fue introduciendo en ese mundo y se decantó por Lenguaje y Desarrollo en Bebés.

Los estudios también le sirvieron para llevar a cabo algo que siempre había querido hacer. Sus excelentes notas le permitieron obtener becas con las que pudo cumplir su sueño: viajar y vivir en otros países. Eligió Berlín como primera aventura porque quería mejorar su alemán, una lengua que tenía olvidada desde el Bachillerato.

Fue una inmersión total: pasó el verano previo en el sur para acostumbrarse a la vida y cuando empezó el curso escolar compartió piso con alemanes. Quería ir más allá de entender las clases y de aprobar los exámenes, quería vivir como los alemanes. Le gustó tanto la experiencia que no se sentía con fuerzas de volver a España al terminar el curso, así que fue a hacer prácticas al Babylab de la Universidad de Postdam.

La Loreto que volvía era muy diferente a la que había ido. Ansiosa de cambios, pidió un traslado de expediente a Barcelona, donde había varios grupos de investigación centrados en el bilingüismo. Ahí acabó la carrera y continuó con un máster, becada por la Caixa, para estudiar Neurociencia en la UAB. Mientras tanto, entró a trabajar dentro su grupo de investigación,”Center for Brain and Cognition” en la Universidad Pompeu Fabra.

Una vez terminado el master y en pleno doctorado le surgió la posibilidad de pasar cuatro meses en Canadá. No podía decir que no. Además, era el lugar idóneo: el tipo de bilingüismo de ahí es opuesto al de Barcelona. Ahora ha vuelto, y se siente como si naciera de nuevo. Es consciente de que tiene que asentarse en algún lugar, echar raíces; sin embargo, nunca dejará de tener un pie aquí y otro en la otra punta del mundo.