amaia
Amaia Arrazola (1984) es una ilustradora freelance nacida en Vitoria y afincada en Barcelona. Estudió publicidad en la Complutense de Madrid y durante tres años trabajó en la agencia de publicidad McCann. Sin embargo, ella quería más y, después de un master en Elisava se estableció en Barcelona para ejercer su pasión. Comparte estudio en Gracia con los ilustradores Conrad Roset y Chamo Sanz, que se ha convertido en un verdadero cluster de creatividad.

Amaia ha descubierto recientemente que le encanta pintar murales. Era algo que siempre le había llamado la atención, pero nunca había tenido la ocasión de hacerlo. De esta forma, se puso en contacto con la galería Miscelánea y se lo propuso: así fue como realizó The Big W.I.P. Gustó, y a partir de entonces le llaman para seguir pintando muros.

Este motor es la particularidad de Amaia. Siempre hacia adelante, “el movimiento genera movimiento“, le gusta decir. Saber hacer algo o no es relativo, pues aprende a medida que recorre el camino. La mejor manera que tiene de demostrar que sabe algo es haciéndolo. De esta forma ha tocado palos como la escultura, la jardinería o la costura, ramas de la artesanía que le apasionan.

Caminando por el sendero de la vida descubrió que quería dedicarse a la ilustración, aunque tuvo que dar varios tumbos. De pequeña no tenía claro qué se quería dedicar, a diferencia de su hermana, que quería ser arquitecta y lo ha terminado siendo.

Siempre tuvo inclinaciones creativas; le gustaba el cine, la música y la pintura. Al fin y al cabo, llevaba la vena artística en la sangre, pues su abuela era pintora de acuarelas. Descartó las bellas artes por el miedo a no encontrar una salida profesional clara y se decantó por publicidad, en la Complutense de Madrid.

La publicidad no consiguió colmar sus aspiraciones creativas, aunque no se arrepiente de su elección, pues le ha marcado la vida. De no haber elegido ese camino no estaría donde está.

Fue durante su Erasmus en París que descubrió su pasión. Conoció a una ilustradora y le fascinó su trabajo. Quería hacer lo mismo, pero carecía de la técnica, así que a partir de entonces se dedicó en cuerpo y alma a dibujar, pintar y a hacer bocetos.

Al volver a Madrid participó en el concurso “Creatividad en Vivo”, en el que ganó y consiguió unas prácticas en la agencia de publicidad McCann Erickson. Les gustó su perfil a caballo entre publicista e ilustradora y la contrataron de Directora de Arte Junior.

Después de tres años ejerciendo necesitó un cambio de aires. Aprovechó una beca para mudarse a Barcelona a estudiar un doble posgrado en Diseño y Diseño Editorial en Elisava. Al terminarlo, se lanzó al vacío como ilustradora freelance.

La estancia en McCann fue clave para esta nueva etapa de su vida. Por un lado, se había acostumbrado a regirse por rutinas laborales que aplicó a su trabajo de freelance. Por otro lado, había mantenido el contacto con clientes de la agencia a los que les gustaba su trabajo que fueron los primeros que le hicieron encargos.

” La mejor manera que tiene de demostrar que sabe algo es haciéndolo “

Barcelona le permitió entrar en contacto con gente de su gremio. Conocía a Conrad Roset de cuando estaba en Madrid: a ambos les gustó el trabajo de cada uno e hicieron una exposición conjunta en la capital. Cuando estuvo en Barcelona se volvieron a encontrar y le presentó a Guim Tió y a Chamo San.

La idea de compartir oficina surgió de una necesidad. Todos trabajaban en sus respectivos domicilios y ya no podían más. Cuando se reunían salían muy buenas ideas, y siempre decían que tenían que juntarse más a menudo. Conrad fue quien encendió la pólvora: tenía que buscarse un sitio y decidieron dar el paso juntos una noche de copas. De esta forma empezó la búsqueda de un local, que terminó cuando se enamoraron de la buhardilla de Gracia en la que conviven actualmente.

Así fue como nació el cluster en el que conviven, un espacio en el que crecen todos juntos. Es una fuente constante de estímulos: fluyen las preguntas y se resuelven dudas.

La diferencia de estilos entre los ilustradores que comparten el cluster permite que cada uno se especialice en un campo. Si un cliente les pide algo que no pueden hacer y saben que uno de sus compañeros sí, se pasan el contacto. Esta sinergia les fortalece y es fuente de constante reinvención. Por ejemplo, Amaia se lanzó al mundo editorial, que le daba bastante respeto, cuando vio la naturalidad con la que Conrad se enfrentaba. Si él lo podía hacer, ella también.

Actualmente está trabajando en la ilustración de una novela. Está un poco saturada del mundo editorial y le apetece volver a la pintura, un campo del que considera que todavía tiene que aprender mucho. Sin embargo, no se plantea el futuro con especial incertidumbre: se limita a caminar y a aprender avanzando.