dani
Dani Castejón (1986) nació en Premià de Mar. Después de tantear las carreras de Arquitectura e Interiorismo, decidió decantarse por Interpretación en el Conservatorio del Liceu para afilar su habilidad con el piano. Su profesora es Alba Ventura, una eminencia con una carrera de infarto. Al mismo tiempo, Dani da clases extraescolares de piano en Betània Patmos. Tiene, además, un negocio de cartas Magic The Gathering, que forma parte de su vida desde que el juego llegó a la Península Ibérica, cuando él tenía ocho años. A partir de los veinte jugó en torneos que le permitieron viajar por toda Europa.
Diletante: Que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional.”

Real Academia de la Lengua Española

Dani está en el Luzia, un restaurante en las Ramblas situado entre su casa y el Conservatorio. Le traen el sandwich de queso, lo prueba y lo analiza. Muy bueno, pero… ¿por qué no está seco? Lo abre, lo disecciona: ¡ah! Tiene col lombarda y suelta agua, por eso no se seca. De todo se aprende, hasta de los sandwich de queso.

Ávido de información, le interesan toda las ramas del conocimiento: gastronomía, arquitectura, pintura, etc. Funciona como un camaleón, acumula conocimiento, lo gestiona y se adapta. Gracias a esto ha aprendido a mimetizarse en ambientes muy dispares, de los que extrae la información necesaria en cada momento de su vida.

De ahí su mote autoimpuesto: Diletante. Concebido como algo peyorativo, él le da la vuelta. Su interés en campos dispares le permite tejer una relación donde aparentemente no la hay. Busca la pureza, aquello que subyace en todas las formas de expresión: la esencia común. Para él, lo único que cambia es el contenedor que adoptan, diseño, escultura, música, etc.

Al fin y al cabo, Dani vive la vida como jugaba a Magic. Su estilo consistía en pagar por información: recibía daño a cambio de conocer la estrategia del contrincante, como el cazador que finge dejarse cazar para asegurar un golpe certero. Lo hacía gracias a unas barajas reactivas que sacaban su potencial cuando la partida a medida que la partida avanzaba.

Siempre fue un gran constructor de barajas. Le encantaba diseñar estrategias y trazar planes en su mente. Durante el tiempo que participó en los torneos adquirió tal conocimiento del juego que, años después, decidió invertir unos ahorros en su actual negocio de venta de cartas.

La idea de montar este peculiar negocio surgió de una necesidad. Consciente de que podría no ganarse la vida con la música, buscó otra manera de hacerlo. Al fin y al cabo, hay vida más allá de los pentagramas y de las partituras; la música no es exclusiva y es compatible con otras disciplinas.

Sin embargo, no quita que la música sea la mayor de sus pasiones. Una profesora de la guardería detectó que tenía buen oído a los cuatro años y recibió clase hasta los once, cuando perdió el interés por seguir estudiando piano. Tenía cosas más importantes por las que preocuparse: integrarse en su entorno, en el que no terminaba de sentirse a gusto, y conseguir novia.

Puesto que siempre ha sido buen estudiante, los estudios nunca fueron un problema. De esta forma se pudo concentrar en lo que quería; su popularidad creció, trabajó en una de las principales discotecas de Mataró y se echó novia. Sus notas le permitían acceder a cualquier carrera y eligió, casi por acto reflejo, la misma que su pareja de entonces: arquitectura en Etsab.

Fue al empezar la formación universitaria que la vida le dio el primer golpe. Nunca había tenido problemas para entender el ritmo de las clases hasta entonces. Los conceptos matemáticos que se explicaban iban más allá de lo que él necesitaba saber. Vio, además, que las habilidades sociales que había cultivado durante el bachillerato no le servían para nada y entendió que era un ignorante.

Más tarde, interesado por el diseño, decidió empezar Interiorismo en EINA. Ahí descubrió dos cosas: la primera, no todo vale en el mundo del arte. A través de una asignatura sobre el color vio, él que es daltónico, que hay criterios para evaluar la belleza de una obra de arte. Fue consciente de la relación entre todas las disciplinas y a partir de entonces vio el mundo con ojos diferentes.

Su segundo descubrimiento en EINA fue que quería hacer música. Se sorprendía tocando el piano en los momentos en los que estaba atascado con el estudio. Así fue como decidió ingresar en el Conservatorio del Liceu. Su excelente gestión de la información le permitió asentar las bases del piano después de dos años de intenso trabajo.

Dani es muy crítico con su habilidad como intérprete y siempre relativiza su talento. En cambio, su avidez por la información lo convierte en un profesor exigente y apasionado, que da más importancia a una formación cualitativa que cuantitativa. Es probable que sus ganas de formar no se entiendan en España, pero sí en otros países. Al fin y al cabo, la música no entiende de fronteras.